En un momento en que la mayor parte de los aliados occidentales concentra sus críticas sobre la deriva militar del régimen iraní, el jefe del Ejecutivo español eligió cargar con dureza sobre los promotores de la ofensiva, cuestionar el rumbo de Donald Trump y advertir que España no aceptará los costos de una guerra “ilegal, absurda y cruel”. Sin embargo, el tono elegido y la dirección de sus reproches reforzaron una percepción cada vez más difícil de disimular: que, en medio de una escalada regional con riesgos globales, el presidente español concentró casi toda su dureza sobre los aliados occidentales y dejó en un plano mucho más tenue la naturaleza agresiva del régimen iraní. Y esa es también la razón por la cual, tras su discurso de este miércoles, en la política española ya no son pocos los que sostienen que Pedro Sánchez parece haberse transformado en el vocero involuntario —o, para sus adversarios, ya casi deliberado— de Irán. Madrid, 25 de marzo de 2026 - Total News Agency - TNA - El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, volvió a endurecer este miércoles su discurso contra la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán y lo hizo con un tono que, para sus adversarios políticos, ya no parece el de un jefe de gobierno europeo preocupado por la estabilidad regional, sino el de un dirigente alineado casi por completo con el relato que intenta instalar Teherán. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, le reprochó en el recinto que el régimen iraní y organizaciones terroristas le hubieran “dado las gracias”, y remató con una frase que buscó golpear en el centro de la escena: la defensa de la paz difícilmente puede encarnarse, dijo, cuando la propaganda iraní estampa la cara del presidente español en misiles de guerra. Más que un detalle de color, el episodio terminó funcionando como una brutal síntesis política del lugar en el que quedó situado Sánchez. La reacción en España fue inmediata. La crítica no fue menor, porque conectó el discurso parlamentario de Sánchez con un hecho concreto de propaganda enemiga y dejó flotando una pregunta incómoda para la política exterior española: hasta qué punto la voluntad de diferenciarse de Trump y de la línea dura occidental terminó convirtiendo al Gobierno de Madrid en un instrumento útil para la narrativa de los ayatolás. En su comparecencia, Sánchez intentó presentarse como el portavoz de una línea de responsabilidad y prudencia, evocando las protestas contra la guerra de Irak y afirmando que España ya no será un país silencioso en el “asiento de atrás”. Esa puesta en escena alimentó una lectura cada vez más instalada en la oposición: que Sánchez, más que defender una posición autónoma, terminó ofreciendo una cobertura política que el régimen iraní aprovechó sin demora en clave propagandística. Esa utilización propagandística dejó una postal tan insólita como elocuente. Las propias agencias iranías acompañaron la imagen con el mensaje de que se trataba de inscripciones en misiles que “pronto” serían disparados hacia los “territorios ocupados”, mientras Mehr mostró incluso un video en el que se veía el momento en que la pegatina era colocada sobre el proyectil. Desde la tribuna del Congreso de los Diputados, el líder socialista calificó la guerra como un “desastre absoluto”, sostuvo que el mundo está ante un escenario “mucho peor” que el de Irak en 2003 y llegó a afirmar que en la república islámica se cambió “un Khamenei por otro aún peor”, en alusión a Mojtaba Khamenei, al tiempo que insistió con el lema “no a la guerra” como eje de su posición oficial. El problema político para Sánchez no fue sólo lo que dijo, sino cómo quedó parado después de decirlo. La pegatina llevaba en inglés una frase tomada de la retórica del presidente español contra la guerra: “Por supuesto, esta guerra no sólo es ilegal, sino también inhumana”. También afirmó que ser aliado “no significa obediencia ni seguidismo ciego”, una frase destinada a marcar distancia con Washington y con otras capitales europeas. Esa asimetría es la que permitió que desde Teherán lo convirtieran, en los hechos, en una pieza de su maquinaria simbólica. Según informó EFE, las agencias iraníes Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, y Mehr difundieron la imagen de una pegatina con la fotografía de Pedro Sánchez y una frase de agradecimiento adherida supuestamente a un misil dirigido contra Israel. “Gracias Primer Ministro”.
Sánchez critica la ofensiva contra Irán y le comparan con la voz de Teherán
El primer ministro español, Pedro Sánchez, criticó duramente la operación militar de EE.UU. e Israel contra Irán, provocando una ola de críticas en el país. Sus adversarios le acusan de haberse convertido en la voz involuntaria del régimen iraní después de que los medios de comunicación iraníes colocaran su imagen en misiles.