Economía Política Del país 2026-03-23T13:18:01+00:00

El arte de pensar con claridad para tomar decisiones

El artículo explora conceptos clave para mejorar el proceso de pensamiento y toma de decisiones. Subraya que los eventos son neutrales, los sentimientos no son hechos y que podemos controlar nuestros segundos pensamientos, aunque no podamos controlar los primeros.


Es imposible aislar la caja torácica del cuerpo, pero sí es posible enfriar el cerebro antes de concluir un razonamiento o de tomar una decisión relevante. 1) Los extremos sesgan la reflexión. -La tentación al todo o nada siempre está ahí. Lo que se omitió, no se materializó. Lo que se hizo, ocurrió. Los pensamientos son intrínsecos a la racionalidad del individuo. Uno primero en la mente de quien la produce y un segundo cuando esta es compartida a uno o más terceros. Sea una idea, duda o inquietud emerge en la mente detonada por el estímulo más insospechado. Fenecen en el instante de una descalificación u olvido. Lo que no se dice con frecuencia es que las personas no podemos controlar nuestros primeros pensamientos, pero sí podemos controlar los segundos. Y así como las palabras se pueden elegir y los actos se pueden ponderar, los grandes aprenden a pensar muy bien para decidir mejor. Dicen con recurrencia los que saben que toda tiene dos momentos. Los extremos invaden y distorsionan el análisis. Se puede aspirar a mucho, pero no se puede ganar todo. Tener acceso a los pensamientos y emociones de sus cercanos, de sus clientes o de sus competidores. A más de un ejecutivo lo he escuchado decir que le gustaría leer la mente de los demás. Los hechos son eso, hechos. Cualquier acontecimiento requiere ser leído, interpretado y evaluado por sus causas, efectos, beneficios o afectaciones. Aquí 3 conceptos para la reflexión: 1) Los eventos son neutros, la interpretación no. -Lo que pasa, pasa. Decodificar cómo piensas lo que examinas. Discernir la velocidad de tu confort analítico y, en su mejor expresión posible, poder reconfigurar tus capacidades para pensar por diseño, en un balance óptimo de tu inevitable emocionalidad y la muy necesaria serenidad reflexiva. Las emociones son consustanciales a la humanidad. Las más no llegan a su segundo momento. En la mente y en el lenguaje. Pretender ganar todo o temer perder todo son dos ejemplos de como se puede contaminar un cálculo. Se puede querer evitar problemas complejos, pero no se debe caer en la ingenuidad de pretender su inexistencia. Descubrirse pensando extremos nutre la reflexión neutral, balanceada y constructiva. Si le incomoda, lo rechaza. Nutrido con más o menos información, vaga o de alta calidad, el pensar crece cuando podemos examinar algo con atención intencionada para formarnos un juicio y, en su caso, un curso de acción o una respuesta necesaria. 2) Los sentimientos no son hechos. -Hay quien cree que un hecho está en función de la emoción que le produce. Si le gusta, lo aplaude. Si lo refuerza, lo procura. Un acontecimiento por reaccionar o un problema a resolver no está en función de tus emociones sino de la realidad en la que se materializa y de aquello que está en juego. Si le pone nervioso, lo evade.