Salud Política Del país 2026-03-24T20:53:35+00:00

La educación empieza en casa

La autora, maestra y escritora, reflexiona sobre cómo los niños aprenden principalmente observando el comportamiento de los adultos, no a través de sus discursos. Relata un incidente en el que su hija presenció a una niña y su madre siendo crueles con un animal, y subraya que los valores fundamentales como el respeto y la empatía se inculcan en el hogar.


La educación empieza en casa

Y muchas veces llegamos a casa cansados, irritados y sin energía emocional para nada más. Porque ellos no aprenderán del discurso. No podemos enseñar respeto a un niño que crece viendo desprecio. Un niño que presencia humillaciones aprende que el poder se ejerce lastimando. Hace poco ocurrió algo que me hizo reflexionar aún más. Una de mis hijas vio cómo una niña pateaba a un gato mientras su madre lo permitía. Pero sí podemos decidir qué modelos dejamos frente a los ojos de nuestros hijos. No podemos enseñar empatía a un niño que presencia violencia. Le expliqué a mi hija que, tristemente, no todos somos educados de la misma manera. Los niños aprenden observando, mucho más de lo que aprenden escuchando. Un niño que crece viendo gritos aprende a gritar. Y lo replicarán. La autora es maestra y escritora. Porque cuando un niño aprende a lastimar a un animal sin empatía, no está aprendiendo solo eso. Eso nadie lo discute. Hay días largos, trabajos agotadores, preocupaciones económicas, estrés acumulado. Pero nuestros hijos no son el lugar donde debería caer ese peso. Pero el respeto, la empatía, la compasión y la conciencia moral nacen en la familia. Los maestros acompañamos ese proceso, pero no podemos reemplazarlo. Y me quedé pensando en algo que muchas veces preferimos no cuestionar: ¿en qué momento normalizamos que los adultos descarguen sus frustraciones sobre los niños? Ser padre o madre es difícil. No podemos enseñar límites a un niño que solo conoce gritos. La educación empieza mucho antes del primer día de clases. El animal no le hizo nada. Empieza en la manera en que hablamos, en cómo tratamos a otros, en cómo controlamos nuestras emociones y, sí, incluso en cómo tratamos a los animales. Tal vez no podamos construir una sociedad perfecta. Hace unos días escuché a mi vecina gritarles a sus hijos con tanta fuerza que incluso yo, desde mi habitación, terminé sobresaltada. La vida adulta pesa. Un niño que ve violencia aprende que la violencia es una forma válida de relación. Está aprendiendo algo mucho más profundo: cómo relacionarse con los seres más vulnerables. Y entonces vuelve la gran pregunta que como sociedad debemos hacernos: ¿cómo queremos que la educación transforme el mundo si no estamos dispuestos a educar primero en casa? Existe una frase que incomoda a algunos, pero que sigo creyendo profundamente: los valores se enseñan en el hogar. La reacción de la madre fue molestarse y pedirle que no se metiera. La escuela enseña matemáticas, ciencias, historia y lenguaje. Era una descarga. Aprenderán de lo que ven cada día. También le dije que entender eso no significa aceptar el daño como algo normal. Más tarde hablamos en casa. No era una discusión. Mi hija, impulsivamente, le dijo a la mujer: —¿Usted cree que educar así a su hija es correcto?

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